viernes, 28 de febrero de 2014

POLÍGONO DE SAN PABLO EL DÍA DE ANDALUCÍA Y DOS HAIKUS




 Un bloque del Polígono con su ropa tendía. Foto de L.M.

La sombra vacía.

Frío azul

en la acera de invierno.


1- Esquivo los charcos

para no pisar 

el reflejo de las camisas 

tendidas.


2- Sin afeitar, un par de hombres

fuman asomados a la ventana

mirando sin mirada. 


3- En la acera, un viejo escupe 

sin voluntad de dañarme

aunque me daña.


4- A las puertas de la asociación de vecinos,

hincadas en la tierra junto a los tiestos de geranios,

las dos banderas de las grandes ocasiones

flanquean la entrada 

sin despertar entusiasmo.

¡El entusiasmo lleva dormido tanto tiempo!


5- Saltando desde lo alto de cinco ventanas,

el maternal aroma de las lentejas

se arroja a mis brazos.


6- Nadie parece tener interés

en este gris día de fiesta

salvo los niños.


7-Silba en mi oído un pitido de olla exprés

adormecedor, como el oleaje.


8- Dos mujeres pasean a sus viejos perros

sin desviarse de su camino.

(Los cuatro lo harían a ciegas).


9- A lo lejos,

petardos sin estrellas

recuerdan a los vecinos

las rayas blancas y verdes

de este último día de febrero.


10- Escucho hacia dentro

los explosivos besos de esa abuela

que otrora se comió el hambre de la posguerra, 

¡qué guapos sus nietos repeinados!


11- Mi corazón cabe en mi puño.


12- En el bar sin nombre

se acumulan los cercos de los vasos

de aquellos que madrugaron para beber.


13- Solo Tobi está atento a mi paso rápido,

su mirada siempre alerta

vigilando su esquina. 

Bendito perro proletario.



Alma rota de San Pablo.

La mía se queda 

pegada a tu costado.


miércoles, 26 de febrero de 2014

¡ALBRICIAS!




"EL ADN manda: o alzheimer o cáncer".

Este esperanzado titular ha salido en las páginas de sociedad de El País sobre un estudio elaborado por el CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas) con datos de 1700 pacientes.
Tras las pruebas de rigor, los científicos han llegado a la confirmación de algo que ya sospechaban: "hay un centenar de genes que intervienen en ambas enfermedades...aunque de modo distinto". Los genes están detrás de que a causa de alteraciones propias del envejecimiento, se te dispare el cáncer o te atropelle el alzheimer. A elegir, nunca los dos a la vez.
Ilustración fantasmal con rana y todo.
En el alzheimer y en otras enfermedades neurodegenerativas (simplificando mucho) las células se mueren, mientras que en el cáncer ocurre lo contrario: las células se multiplican sin control. "Las dos caras de una misma moneda".

La misma moneda con la que más adelante deberás pagar al barquero  en el caso de que no seas la niña bonita.
Así que si por alguna perrería propia de la edad acabas en las garras de una de ellas, al menos te queda la esperanza de que esas mismas garras te acunarán como la peluda mano de una madre loba, impidiendo que las garras de la contraria te den un buen zarpazo donde más te duele.
"Efecto protector cruzado". Bonitas palabras han encontrado los científicos para este dilema excluyente: o tú o yo. Pero sin prisas ni empujones, nena, que aunque por distinto camino, las dos llegamos al mismo sitio.

No pretendo hacer chanza con el asunto, aunque el humor negro me encanta. Me estaba imaginando que si La Parca es tan dubitativa como yo, menudo quebradero de cabeza tendrá la pobre.
No obstante, señores científicos, muchas gracias y sigan echándonos una mano a pesar de las múltiples dificultades que encuentran en su tarea. Toparme en el periódico  con noticias como esta, y  saber las amplias posibilidades que se le abren a la farmacopea, me llena de albricias y satisfacción.




sábado, 22 de febrero de 2014

SOLILOQUIO DE LA MUJER INVISIBLE.




Soliloquio de La mujer invisible.

(Sobre la base del poema de Agustín García Calvo).


-Tú que estás en el cielo y lo ves ya todo claro, Agustín, mírame y dime ¿qué rastro queda en mí de la ahijada de Afró Tambú, si es que alguno queda?

-¿Afró Tambú? ¿Aquella Venus venenosa a la que con tanto esfuerzo aún hoy intento olvidar? ¡Ay! No me importunes con preguntas y deja que descanse a la sombra de la luna, sobre el heno del establo de los centauros; ya pasé lo mío. Por alguna de sus hijas,  yo pené la larga sed de los paraísos, la llaga en flor de mi pecho no cicatrizó y al final me morí de ella, de ellas. Haz examen de conciencia  bajo aquel árbol florido y contéstate tú. Apaga la luz cuando salgas, quiero mansa oscuridad en la cuadra.

-De acuerdo, recojo mis zapatos y me voy de puntillas. La muerte debe ser ese mullido lecho de paja  cálida y perfumada de otoño en la cual duermes ahora, sin ganas de polémica y dar respuestas a preguntas tontas. Se te ve bien en postura fetal. No te enfríes: cúbrete con tu pañuelo.



(Suena el clic del interruptor)

Hoy voy a ser yo la del soliloquio. 


Enciendo  el foco, me siento en el taburete  e intento responderme con sinceridad: no te diré que nada, pero sí que poco. Estoy en ese estadio intermedio en el que a veces me desaparece un brazo, otras todos los dedos de la mano izquierda, otras, la cabeza completa o solo la frente. Con más frecuencia cada vez el cuerpo entero. 

Se ve que no debo inquietarme: son cosas de la invisibilidad.

Por ello sufro, no creas, mas cada vez le veo mayores ventajas. Puedo ir a un concierto despreocupada, sabiendo que a la salida nadie va a besar de mis nalgas la huella en el sillón, puedo pasear por el vial sin que inquietos perros husmeen mis huellas y leer tranquila en un banco del parque sin que ningún hombre me desee arder, como arde él.

No hay remolinos en el agua, mis pies en la orilla del río casi no dejan rastro. 
El cauce del  torrente se ha templado y la noche está serena.
¿Lo escuchas? Si afinas tu oído, el tam tam de Afrodita, la señora de las rosas y el amor, aún resuena a lo lejos, tras las últimas rocas.
 Ser la mujer invisible es cómodo, Agustín, aunque a veces corra ciertos riesgos al cruzar la calle. 





viernes, 21 de febrero de 2014

ANTES MUERTA QUE SENCILLA

Siempre me han gustado las personas seguras de sí mismas, aunque me dan cierta grima las personas tan seguras de sí mismas.
Me encantan el aullido del viento y la tormenta  y si me preguntas, quizás elijo el cielo azul.

No soy voluble en mis criterios, pero a veces, en el último minuto, doy otra versión de los hechos o me contradigo con sonrojo.
Miro los sucesos  por aquí, por allí, por detrás, como quien coge un prisma de cristal, analiza el arco iris de cada uno de sus los lados y no se queda con ninguno. O con varios.

No sé si  prefiero el campo o la ciudad. Los gatos o los perros. A veces lo salado o hasta lo amargo, a veces lo dulce.

En algunas ocasiones me planto en una postura, en una canción, en una idea, hasta que me convierto en estatua de sal.

El mayor piropo que me hizo un noviete de juventud, fue que era la mujer más complicada que conocía.
Ahora ese floreo ya no me halagaría por supuesto: la edad, en su esencia, camina hacia la simplicidad. O debería.

Me he acordado esta mañana de una niña llamada Mª Isabel. Triunfó hace unos años en un festival  infantil con una canción pegadiza que se llamaba  "Antes muerta que sencilla". La letra de la canción es un desatino: la niña mezcla potajes con máscara de pestañas y hasta dice usar Chanel  nº cuatro porque le sale más barato, todo ello para afirmar su extravagante identidad.

Pensé colgar ese vídeo en esta entrada, pero recapacitando lo vi una barbaridad: es insufrible. Así que pongo este de Janis Joplin que me gusta mucho más, aunque no tenga mucho que ver con lo que estaba contando. Pero algo tiene que ver ¿o no?

Ya te lo he dicho: antes muerta que sencilla.





jueves, 20 de febrero de 2014

YA LO DIJO PLATÓN

Alfombras voladoras en la orilla del Ganges. Foto de S. M.
Como ya dijo Platón hace dos mil quinientos años, no nos dejemos engañar por las apariencias.

Este diminuto cachorro que dormita en el cruce es en realidad un valiente suicida. Un cálido

rayo de sol da de pleno en el lugar elegido por el perrito para descansar o para inmolarse. Sí: el centro de la encrucijada, con el sol de la mañana y el aura de su imperturbabilidad perruna, parece un lugar acogedor, telúricamente correcto, un buen sitio para morir o solo descansar un rato.

Pasan por encima de él un risckawsh y un carro a gran velocidad y el animal, impasible, permanece tal cuál estaba al quedar enmedio de sus ruedas, con los ojos cerrados, jadeando solo un poco. En la postura semitumbada de las figuras de terracota etruscas. Unos paisanos y yo sonreímos al comprobar la buena estrella del cachorro.


Al segundo, me atraganto mi sonrisa y miro al frente: ya no quiero ver nada más. Esta es una película de la

que ya conozco el final, y ese final me duele como un pellizco en una herida.


Perritos mamando en pie en Benarés. Foto de S, M.

Mmm…soy una estúpida occidental descreída y arteriosclerótica y en realidad no me sé el final de ninguna película y menos aún el de esta. El perrito benaresí sabe muy bien lo que hace. Ha dormido plácidamente en una mullida cama de basura, está harto de jugar con sus hermanos desde que amaneció, después ha estado mamando un buen rato. Su peleona mamá lo ha lamido otro poco y por todo ello sabe y siente que la vida es frágil pero sobre todo bella.

Además tiene la fortuna de haber nacido en Varanasi y total, a esta ciudad acuden cada día desde distintos puntos de la India, decenas de personas solamente a morirse y él ya se ha ahorrado ese viaje.

¡Solamente a morirse! En esta ciudad milenaria hay mugrientas pensiones con vistas al río donde

por pocas rupias se amontonan ancianos peregrinos o enfermos terminales a esperar su momento.Se sienten inmensamente afortunados de haber llegado hasta aquí y lo son sin duda: quien muere en la
sagrada Benarés escapa del círculo de las dolorosas reencarnaciones, de la rueda del samsara.

Entornando los ojos es solo un rato, duelen los huesos en la escueta estera, pero el tiempo ya es lo de menos.


La Madre Ganga sabe esperar: es paciente con sus pacientes hijos.



“Estos cuerpos que aquí ves, frágiles y sujetos a la disolución, no son otra cosa que simples

envolturas del Espíritu Eterno, indestructible e inconmensurable”. (El Canto del Señor, Bhagavad Gita)




En la escalera del Gaht. Foto de S.M.

lunes, 17 de febrero de 2014

¡MARCHANDO UNA DE COLESTEROL!




El cielo.




¿Qué tiene que ver el amor con el jamón ibérico?

Nada, me dirás; todo lo más parece un chiste y de los malos. Pero si buscas, si buscas bien, verás que ambos andan por la orilla más resbaladiza del río que hay en el Cielo.

O  comparten ese lado del cerebro en el que no hay gozo sin culpa. O ese lento masticar para que no agarren a la garganta hasta estrangularte  sus vetas de nácar.

¿Y el amor con el ibérico chorizo ?

Rizo del rizo, haciendo un inocente pareado. Quizás no más gozo, pero si más culpa.

Aliño de especias sagradas de Iberia; carne picada hasta la no-carne, el no ser.

Y si el cerdo es negro, negro como la noche que barrunta mis sueños, mejor.

¿Embutido? ¿Embutido en qué?  En tripas, nena, como el amor. Tripa que limita, que comprime, que te atrapa hasta dolerte. Sangre y a veces  huesos. De nuevo como el amor.

Alguien me confesó una noche que el Cielo era ese sitio mágico donde comes chorizo ibérico o jamón de pata negra sin que jamás engordes, o te salga sarpullido, o te hagan una colonoscopia.   

Y yo añado lo del amor y  la culpa, así que tú verás. 








domingo, 16 de febrero de 2014

ELLAS BAILAN SOLAS


Es cierto que por todos lados y cada vez más, ellas bailan solas.

Yo bailo sola; literal. Ahí también sigo mi camino y reconozco que mi baile no deja de tener un punto mamarracho en su libertad, pero así son las cosas.

El baile, el del folclor más añejo y con más polleras superpuestas, el que ensayan en rueda los niños de la guardería, el más psicodélico o transgresor, todo bailoteo es liberador y saludable. El que el chamán ejecuta en la choza tras ingerir peyote, el que en círculo tejen alrededor de un fuego en Guatemala, el que celebra en Camerún el rito de iniciación al mundo adulto, el giro ceremonial y obsesivo del derviche.

 El que se intenta en el invierno de Benidorm también. Hasta ese.

Se ha bailado siempre, desde que el mundo es mundo; tenemos datos de bailes rituales en el antiguo Egipto o en el elegante Japón del siglo XV, lo hacen aún en muchos puntos de África imitando el ataque feroz del león y bastantes animales para cortejar a su pareja. Puede que danzaran los neandertales aunque no tengamos constancia de ello. La danza es un sólido pilar en cualquier cultura y etcétera. Puede ser austera o excesiva, sensual o salvaje, a ras de tierra o buscando el cielo. Celebra la vendimia, el trance del médium, la salida o la puesta del sol, la posesión divina en el  vudú, la locura de la fiesta.

Pero me estoy desviando del tema porque yo quería hablar de ellas. Las mujeres que bailan solas. Ni siquiera de las que bailaron solas pero para solaz de los hombres o de alguna deidad masculina.  No de las danzarinas egipcias del vientre ni siquiera de las "puellae gaditae" de las que ya nos habla Estrabón, esas bailarinas codiciadas por todo el Mediterráneo que llegaron de la "disoluta Gades" para hacer babear a los romanos con sus "temblorosos movimientos de caderas".

Ahora pienso en todas aquellas que bailan solas porque quieren, las mujeres que zapatean arrastradas por la rebeldía, a oscuras o a plena luz, contra la propia miseria o por puro gusto; esas que descalzas, con zapatillas de deporte o zapato de tacón rojo se mueven en este mismo momento en cualquier rincón del mundo marcando el paso a su libertad con lo más personal que poseen: su cuerpo. Sin intermediarios.









viernes, 14 de febrero de 2014

IONE. SEIS RELATOS MEDITERRÁNEOS PARA UNA MARCHA FÚNEBRE.






1- Suenan los acordes de la marcha fúnebre. Isis, la diosa llorona, recoge con dolor los pedazos de su esposo Osiris desperdigados por todo Egipto. Sus lágrimas provocan la inundación del Nilo. La muerte da vida e Isis lo sabe: entre sus cuernos de vaca sueña una cuna para mecer a su hijo.

2- Suenan los acordes de la marcha fúnebre.  El vómito del Vesubio cubre palacios, casas, templos. Cuerpos de hombres y mujeres aún celebran la vida en tascas y burdeles mientras el polvo de lava viste Pompeya con ropas de luto. En el último minuto, la sacerdotisa del templo de Isis alcanza la orilla y huye del infierno en una barcaza abarrotada de gente.

3- Suenan los acordes de la marcha fúnebre. La gente se arremolina en un cruce, indecisa. Tras el paso del Cristo, en esa estrecha calle de Sevilla queda un efluvio de lirios e incienso tan intenso que provoca mareo. Nada mejor para despistarlo que compartir con los amigos unas cañas, chistes  y un plato de aceitunas aliñadas con orégano en el bar de la esquina.

4- Suenan los acordes de la marcha fúnebre. Un viento gélido recorre Verona y el selecto público que sale sobrecogido de La Arena, monta en sus carruajes tras subirse el cuello de piel del abrigo buscando el calor vivo de las chimeneas. Y en el aire, retazos del aria que ha sonado hace un rato en el tercer acto de la ópera.

5- Suenan los acordes de la marcha fúnebre. De espaldas a la orilla, Fredo musita un Ave María en la barca pidiendo a la Reina del Cielo que la pesca sea abundante. Su corazón sabe que reza por su alma, que reza en voz alta por no oír el disparo en su sien decretado por su propio hermano, el nuevo Padrino.

6- Suenan los acordes de  la marcha fúnebre. Apago Radio Clásica pero recapacito y la vuelvo a encender: los voluptuosos compases de Ione pueden celebrar tanto  la muerte como la vida. Me sirvo un vasito de vino de naranja y brindo conmigo misma por la esencia que comparto con otras Marías.  Desde Beirut a Alghero, desde Alejandría a Baelo Claudia.




lunes, 10 de febrero de 2014

DIVERTIMENTOS DE LA ETIMOLOGÍA


Mandala clásico

Arriba y abajo. 
Cielo y tierra. 
Lo que entra, lo que sale. 
Culo y ultratumba.
Lo siento.

La escatología tiene el alma doble, como el filo de la espada. Bucea en el residuo más remoto, rebusca en el fondo perdido del infierno, y allí escarba del último rescoldo, la luz más roja. 

¿Infierno? No el de nuestro imaginario común, lugar tórrido donde los malvados son asados a medio gas lenta y dolorosamente por los siglos de los siglos. Ni ese otro nuevo y alicatado todo de blanco, en el que estás condenado a vivir para siempre en un cuarto sin ventanas con tu íntimo vecino, al que detestas.

Infierno como inferior, subterráneo. El gemelo inverso del paraíso: puedes dar la vuelta sin problema al reloj de arena. 

¿Mi Paraíso? Lugar del gozo y el amor sin contratiempos. Azul primero de la mañana, casi transparente, apenas nada.


La escatología tiene el alma doble. Arquitecta insomne, mide de continuo el cuadrado perfecto, y aún dentro de él, el círculo nuclear de la Jerusalén Celeste: el corazón del Mandala cósmico.


Y, juegos de la etimología, también se divierte a veces rebuscando en lo sucio.

Os dejo, y ahora pensad. Pensad con una sonrisa en los labios en las
realidades últimas. En el alma pareada del Escatós, hala.




domingo, 9 de febrero de 2014

TEMPUS FUGIT

Palacio presidencial en Dusambé. Foto de S.M.


“Tempus fugit, sicut nubes, quasi naves, velut umbra”. 

El tiempo vuela como las nubes, como las naves, como las sombras.

Vuela y vuela y se escapa. Y de pronto es un puntito en el cielo, solo un punto, un globo que se libró de los dedos caprichosos de un niño y que sube a lo alto y se empequeñece, lejos, lejos. Atrás.

Uf. Menudas ideas más turbias me rondan la cabeza estos días. Telarañas por todos lados. Yo creía que lo más gordo que se fraguaba para este enero iba a ser mi cumpleaños, no estoy nada preparada para los cincuenta que me caen. Pero desde luego que ni en mi peor pesadilla contaba con esto, esta preocupación y este desengaño y esta rabia que se apoderan de las veinticuatro horas de mis días, sin tregua, desde hace ya casi dos semanas.
Virgilio no da señales de vida. Ni de vida ni de muerte desde hace dos semanas. Creo que me voy a volver loca.

¡No! ¡loca no! Eso es lo último que me puedo permitir: no se lo merece.

Él sabrá en qué pozo se mete, lo profundo y lo húmedo que puede ser, y a donde le lleva. Y cómo salir de él si es que le interesa salir.
Yo ya he cumplido con mi parte. He hecho todo lo que se suele hacer en estas circunstancias, he dado los pasos necesarios y hasta alguno innecesario. He llorado hasta vaciarme. Me he sentido humillada leyendo conmiseración en alguna mirada y no pienso ir ni un paso más allá.

He telefoneado hasta el agotamiento a la embajada más autista de la tierra. Y una docena de veces a la embajada inglesa en Tayikistán, sin que pudieran darme una respuesta satisfactoria. He aporreado las puertas de todos los despachos, incluido el del temido jefe de jefes, sin resultado. He denunciado los hechos, o la ausencia de hechos, a la policía, cosa de la que ahora me arrepiento. He hablado largo y tendido con todos y cada uno de los compañeros que le acompañaron en este viaje de trabajo de su empresa (proyectoTempus. Maldita casualidad de nombre) y que regresaron el quince de enero en el vuelo IJ 87 de la Turkish Airlines sin él. Sin él.

Adolfo es el único que ha tenido el valor de ponerme sobre la pista y se lo agradezco. No por supuesto el único que estaría al tanto de los hechos. Fue el último que habló con él en Dusambé, y dice que notó en Virgilio un acento extraño, ausente, cuando le confirmó que regresaría un día después, en el siguiente vuelo. Que partieran sin él. Solo eso, sin más detalles. Y que allí estuvo normal todo el tiempo, que expuso su ponencia en el ministerio con desenvoltura.
Mercado de camellos tayikos. Foto de S.M.

Que consiguió un par de veces despistar al sempiterno y siniestro comisario político y  que anduvo  solo y pudo fotografiar a sus anchas un exótico mercado de camellos en las afueras de la ciudad. 

Las fotos. Repasando con detenimiento las fotos de sus tres viajes al país la he descubierto. A la tayikistana. Con el mismo pañuelo floreado en la cabeza las tres veces. Y la misma hermosa y tímida sonrisa que luce al aire, sin vergüenza, su colmillo de oro.

Preciosa, morena, no más de veintidos años. Y musulmana. Es como para volverse loca pero no me lo voy a permitir. 

No me lo voy a permitir aunque me den ganas de darle una buena patada a todo. A mis cinco trienios como profesora de latín en el instituto, a los cincuenta años que cumplo la semana que viene y más aún a los veintidós de casada. No me lo voy a permitir aunque esté aquí, frente al ordenador, viendo y oliendo y sintiendo escapar con precisión formal, como si fuera un pan rancio o un trozo de corcho, al tiempo; ese tiempo que se me ha ido tan rápido, que ha volado frágil como un suspiro de ángel y que me ha dejado ya sin tantas cosas, sin él y sin ganas de él, envidiando a una joven extranjera seguro que analfabeta con pañuelo en la cabeza.

Mientras mi cabeza sin pañuelo, libre y atada al mismo tiempo, no para de repetir desde hace dos semanas las palabras de Virgilio, el otro Virgilio, el poeta: "Sed fugit interea fugit irreparable tempus."

Pero huye entretanto irreparable el tiempo.



miércoles, 5 de febrero de 2014

LA METÁFORA

Woody Guthrie
Esta máquina mata fascistas
Es cierto que uno puede estar más guapo con la boca cerrada. Así no te sale esa arruga tan díscola en el entrecejo,  no se te ven los dientes torcidos o nadie descubre que tienes la voz de pito. Es decisión tuya optar por hablar, gritar o cantar caiga quien caiga, aunque seas tú mismo el que tengas más papeletas para caer.
Pero que desde arriba se enfurezcan hasta la enajenación cuando uno o muchos se enfurecen con causa y lo dicen en voz alta, me parece uno de los colmos del totalitarismo. Y es difícil ponerle un tope al totalitarismo, y más cuando encima es torpe y beatillo: el mal banal y simplón por excelencia, el recelo de los brutos.

Eso de mandarnos callar, hacer leyes para hacer callar, tiene un punto talibán y otro punto filipino, y nada que ver con el chocolate.
Hasta el pacífico Jesús, dijo haber venido a  la tierra a armarnos con espadas, así que ya sabéis, chico/as, armémonos con gritos, consignas, canciones y demás, tenemos venia.

El artefacto de la foto, el hombre de la foto, y la propia foto son muy antiguas, nada que ver con el siglo veintiuno, aunque ya te digo yo a ti que están de plena actualidad. No voy de destroyer por la vida; soy una madre de familia que intenta dar buen ejemplo a sus hijos y por supuesto, no quemo contenedores. Pero aunque es fuerte, seguro que a ti también te ha encantado el símil: ¡la guitarra como una máquina!

¿O es que acaso creías que mi metáfora hablaba de matar fascistas?

ALMA CANINA


Un perro mojado. Foto de S. M.
Me gusta el nombre de mi blog: "Alma canina" o "mi alma canina" en otra versión aún más íntima que no le puse yo.

Comparto nombre y espacio de búsqueda con un grupo de facebook militante/amante de los perros y con un adiestrador canino gallego.
Si quieres visitarme, pasa sin llamar. Yo tampoco te llamo, aquí funciona el boca a boca: apenas doy datos, no hay fotos mías ni tengo perfil.

Como funciona con el boca a boca, a veces invito a alguien a echar una ojeada, y al decir el nombre del blog, ese alguien se confunde y me dice: "¡Ah! Mi alma camina" a lo que yo suelo responder: no, no camina. Ni siquiera sé si tengo alma. Y suponiendo que la tuviera, no camina. Y si camina, lo hace a cuatro patas. Bueno, en realidad todo eso lo pienso pero no lo digo, repito el nombre correcto y espero. Soy muy prudente.

Soy prudente y un poquito perra. Me gusta que me acaricien aunque sea metafóricamente, soltar pelos y ladrarle a la luna. Pero no me gusta tener dueño, ni que me paseen con correíta, y a veces me escondo debajo de la cama o me subo a un árbol a afilarme las uñas con las ramas más finas, mientras te miro.

Tú me dice que quizás debería haberlo llamado "Mi alma felina", pero no, el nombre del blog es el correcto, soy yo la que a veces no lo soy.

Visitarme es gratis, no exijo donativo ni que me adoptes. También admito la opción de que no me leas, y de que encima digas: esta tía pa que se mete a escribir un blog, con lo bien que le iba con su bloc cuadriculado de toda la vida y su boli-bic.









martes, 4 de febrero de 2014

JUGUEMOS UN RATO

Baraja de las parejitas. Mi preferida. 

Me dices que sí, que no está mal escrito, pero que por favor no me distraiga tanto y le meta mano de una vez a una novela. Una nueva novela, glup. Me dan ganas de ir al baño solo de imaginarlo.

De momento, y entre otras cosas, solo quiero jugar un rato. Solo quiero jugar un rato a combinar  ideas y sentimientos con letras; pero si lo prefieres lo digo de otra manera, le pongo otro nombre, sin caretas ni autocomplacencia. Prefiero recorrer distancias cortas, mirar para otro lado, procrastinar a troche y moche, distraerme a conciencia, con voluntad firme de irme por las ramas. En plata: me da pereza; tú ya sabes que soy un poco vaga.

Una novela es como una laboriosa partida de ajedrez o de póquer y lo que yo hago es jugar al tute. O a la brisca. Lo que hacen en círculo las viejas de los pueblos de toda la vida. En mi escritura no hay estrategia, no hay cálculo, no hay as en la manga, no hay plan para mañana. Ni hambre para hoy. Solo trozos de realidad y de sueños enfriados con un par de cubitos de hielo, lo justo para ser bebido a sorbos pequeños en un vaso largo.

Quizás todo corresponde a un caprichoso deseo del presente: minimizarme. Escribir de esto y de aquello, picoteando como un pájaro. O escribir menos cantidad a la busca y captura de más virtud. 
Menos palabras, mayor concentración alquímica. O menos palabras, menos tonterías.

No creo que una novela larga sea más que una corta, ni que una novela corta sea más que un cuento, ni que un cuento sea más que un microrrelato. Qué es más, qué es menos. Lo que en realidad me gustaría escribir y  no brotan son poemas, pequeños versos, haikus. Suspiros.

Así que de momento, y como aún se me atasca el aire, solo juego con mis cartas tras barajarlas y me río cuando saco pareja de chinitos o  esquimales.







sábado, 1 de febrero de 2014

EL BOTE DE TITAN DE LUX

El Titanic y su iceberg un minuto antes del encuentro.

El barco es magnífico y navega a buena velocidad, viento en popa a toda vela, aunque por supuesto no necesite  viento, y mucho menos velas, que han sido sustituidas por cuatro ciclópeas y humeantes chimeneas de última generación, con el novísimo logo rojigualdo brillando en sus cumbres.

Es un barco muy moderno, el más moderno, flamante, todo en él es de estreno, lo ultimísimo, aunque también tenga camarotes de segunda y hasta de tercera que solo salen del paso sin pompa ninguna, como siempre han sido las segundas y más las terceras, no nos engañemos. 

Bajo un cielo gélido y azul, la espuma se levanta alta a la altura de Terranova y a lo lejos se divisan las primeras placas de hielo, pero nadie hace mucho caso al telegrafista,  que alerta en morse del peligro que acecha. El tipo solo quiere aguar la juerga. El capitán, displicente, ordena que no se cambie un ápice el rumbo: España va bien.

Es primavera, las aguas están extrañamente quietas, y nadie espera lo que está a punto de suceder. A la hora de la cena, la orquesta toca un pasodoble en el opulento comedor de primera. Veinte  camareras de sobrios uniformes sirven el cuarto plato de puturrú de fuá. El sumiller da a probar al contramaestre en una copa extragrande un rioja  muy bien criado con retrogusto de roble.  

Pomposo brindis: coincidiendo con el clic del cristal se oye el primer crujido. Y a este siguen otros cuatro, magníficos, terribles, escalofriantes. Ya a nadie le queda duda de que el barco ha chocado con el iceberg más azul, que el buque tiembla, que hace aguas, que todo se va a la mierda. 

El hielo, un cuchillo bello y mortal, ha abierto el bote en canal justo por la línea de flotación y sin anestesia;  los distintos  compartimentos  se inundan  uno tras otro. De nada sirven ahora la soberbia piscina con jacuzzi, el damasco dorado del tapiz en los camarotes más opulentos, la escalera de caoba que no lleva a ningún lado, los puntos de encuentro con el wifi más largo. 

Ni siquiera alivia el jaranero compás de la orquesta, que toca "Paquito el chocolatero" aparentando normalidad entre los inquietos pasajeros, que se miran unos a otros con el rabillo del ojo justo antes de que la primera reinona empiece a gritar. Según pasan los minutos, rendidos ya los esfuerzos heroicos a la evidencia, los músicos tañen entre lágrimas y con los instrumentos húmedos un salmo que aprendieron cuando solo eran monaguillos pidiendo, oh Dios mío, que San Pedro abra sin demora las puertas del más allá.

El agua sube, sube, el barco se escora, la proa apunta al cielo pidiendo un auxilio que nadie oye, se apagan todas las luces. El mar se traga al titán de lux.

El barco de los sueños se llevó a dormir con él al lecho marino a muchos de sus tripulantes. Se salvaron pocos de los de primera clase, aún menos de segunda, se cuentan con los dedos los de tercera. El cobarde capitán, el presidente del club de fútbol, el tesorero del partido, dice que no sabe si fue el témpano ruin que se les acercó demasiado o si fue él el que se acercó demasiado a la orilla para saludar a un pariente sin mala intención, si fue el maldito cariñena que se apoderó de mí, o si fueron los malditos roedores.

Lo único cierto es que tanto los emigrantes británicos, irlandeses y andaluces que  embarcaron en busca de una vida mejor como  los sueños de algunos de las personas más ricas del planeta que viajaban en este barco solo para lucir palmito (recuerda: ese barco magnífico, flamante, la nave más moderna), naufragaron  aquella noche de abril en las frías aguas del  Atlántico Norte. Cubitos de hielo que se derriten  gota a gota en un gintonic afrutado.


Todo esto pasó hace mucho, hijo mío.
Años después del desastre y como seguía en el paro, viajé con dos o tres buzos amigos míos  en algo parecido a un viejo batiscafo al fondo del mar, justo donde descansaba el pecio. Removimos con un  palo el lodo buscando algún resto del barco para vender en el mercadillo. Encontré un zapato de tacón, un paquete de tabaco rubio y piezas sueltas de una, otrora, magnífica vajilla.

Con cuidado, cogí una taza que conservaba el asa intacta y la miré del revés,
por la base. No distinguía bien si ponía "La Cartuja de Sevilla" o si tenía dibujada en un holograma espectral, la cara de una china de porcelana. Arañé con la uña  parte de la costra de  lapas y chirlas, y vi que tenía escrito, en  elegantes letras de vivísimos rojos y amarillos "Marca España".